martes, 16 de junio de 2020

QUÉ NOS ESPERA DESPUÉS

QUÉ NOS ESPERA DESPUÉS

Por: Carlos Gutiérrez.

Hacia el final de la novela Las diecinueve enaguas leía que una epidemia que azotó a Bogotá en los cuarenta del siglo XIX dejó al descubierto la perversidad de los bogotanos, puesto que, aislados, terminaron los arribistas, que habitaban en ese tiempo la ciudad que no era ciudad encumbrados por Mefistófeles, mostrando ante los demás, un alma más podrida que la misma enfermedad que los aquejaba. Hoy, la ficción sobre muchos años atrás de esta amada pseudourbe, hace que me pregunte lo que se respondió el autor en esa novela. ¿Qué nos dejará esta cuarentena? ¿qué monstruosidades aparecerán o han aparecido en los medios, en el voz a voz e incluso en nuestras reflexiones? Las respuestas pueden ser las demostraciones de que el bogotano, o por lo menos su alma, ya sea en tiempos buenos o malos, no deja de ser un animal perverso.

La verdad es que desde el inicio de todo este miniapocalipsis nos dimos cuenta de la afirmación más obvia que ante los ojos omnipotentes se puede comprender: el abismo entre una clase social y otra no es menos amplio que el paso de un círculo del infierno de Dante al paraíso de su amada Beatriz. Nos dimos cuenta que Bogotá puede ser un adecuado escenario para la mascara de la muerte roja en la que mientras unos, sin importarles que no pueden estar tan cerca, tuvieron que terminar clamando por alimento o cuidados ya que a sus zonas – con ausencia de preferencias - no les llegaban lo prometido. Mientras tanto, muchos, entre los que me incluyo, convertimos nuestras casas, apartamentos o loft de amplios espacios; en el castillo en los que el príncipe Próspero y corte, come a manos llenas envuelto en su papel higiénico para sentirse más seguro al tiempo que adecúa cada una de las habitaciones para diferentes diversiones que desde una camarita, como si de una ilusión se tratara, monta un paraíso artificial cuya burbuja lo mantiene ignorante.

Y esta burbuja también hizo crecer nuestro máximo valor. A las alturas desde las cuales se pregonan las verdades de papel más interesantes del mundo, nos camuflamos para no ser descubiertos, caminamos ocultos entre una fantasmagoría para hacer un gran mercado cuando no deberíamos de estar haciéndolo, aumentó nuestro consumo por la simple idea de poseer nuestro gran deseo y aprovechamos la debilidad del otro para favorecernos. Porque eso sí, podremos estar en las crisis más grandes, en el acabose más impactante o a la espera de séptimo sello, pero siempre, como buenos alumnos, seguimos cultivando el cinismo como una de nuestras bellas artes. No se trata aquí de una cuestión de clase o de etnia, se trata de una columna blanca reluciente, brillante que sostiene a la virtud de ser un gran amoralista.

Así, nos dimos cuenta que en Bogotá también triunfa el desierto de las palabras escritas en papel cuyo sustento es inexistente y en el que se justifican simplemente lo que no se va a hacer. En el que se monta un espectáculo grandilocuente a partir de cifras elefantinas, minúsculas acciones y pobres responsabilidades. Nos dimos cuenta que las decisiones se convirtieron en el juego de pelota preferido con el cual se eximen culpas lavándose las manos con alcohol o antibacterial para estar libre de toda pilatuna. Porque al fin de cuentas, si todos tienen la culpa nadie la tiene y se declara desierto el concurso de quién fue el más mampolón.

¿Qué nos quedará después de esto? Tal vez nada, tal vez la comprobación de que en los buenos tiempos y en los malos, simplemente somos humanos, somos perversos. Pero tal vez esto se deba no porque no hayamos estado listos para asumir la responsabilidad de esta plaga que nos aqueja como egipcios condenados por dios. Tal vez esto es así porque el virus fue el tapete para esconder la mugre en la que vivimos, para recordar nuestra milenaria practica de caer en la pandemia de la amnesia, la peste que nos ha aquejado por más de doscientos años y de la cual parece no encontramos cura. Tal vez esté siendo exagerado, porque también se dirá que son unos pocos los que nos han llevado a esto, y aún hay personas que desde sus buenos actos han vivido al margen de la amoral criminal que nos aqueja, y es verdad, las conozco, son muchas las almas buenas que parecen condenas a vivir bajo el poder y la dirección de un poder caligulezco.


lunes, 27 de abril de 2020

¿CUANDO SE LLEGARÁ A LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA?


¿CUÁNDO SE LLEGARÁ A LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA?
Por: Carlos J. Gutiérrez

Por estos días se está recordando el magnicidio (título rimbombante para hacernos creer que hay gente más importante que los que realmente se sienten así) del candidato a la presidencia durante inicios de los años noventa: Carlos Pizarro. Lo recuerdan porque el juicio sobre su crimen y la investigación sobre quiénes estuvieron implicados detrás de su muerte anda en una “gran pausa” de esas que tanto le gustan al país. Ahora, que un nuevo año en el que celebramos a “esta oveja negra” ha corrido, y que incluso a la JEP, según SEMANA, llegó la solicitud para que el exagente del DAS implicado en su asesinato fuera juzgado desde esta instancia; vale preguntarse: ¿Cuándo se llegará a la responsabilidad histórica? La verdad, para mí, la respuesta se encuentra lejos, lejos, tan lejos, que no se entiende hoy la dimensión de lo que esto implica.

El fenómeno de la violencia lo he escuchado en los medios, lo he leído en los libros de historia – incluso mi fascinación por eventos como la guerra de los 30 años o por el bogotazo se hace imposible de comprender -, lo he visto en las películas belicistas o antibelicistas de las que nos llena Hollywood, y lo he comprendido desde arte pictórico. El fenómeno de la violencia no se escapa a nuestro sentido común porque lo consideramos como la única forma en la cual el hombre puede comportarse como hombre. Desde la biblia hasta la película Jojo Rabbit nos han contado las mil y una formas en las que el hombre puede matarse. Y es tan común, tan corriente hablar sobre la guerra, que, alguna vez, ya sea plagiando a un autor o siendo original, llegué a decir que es un mal necesario sobre todo desde el arte porque es la que nos permite crear algo bello, algo estético. ¡Qué arrogante! Nunca he estado en medio de un conflicto armado y me quiero convertir en un mercader de la muerte. ¡Mea culpa!

Porque la verdad, no solo el que dispara un arma, acuchilla, tortura o destruye pueblos es el culpable del conflicto armado. Detrás de ellos estamos todos los demás que, bajo el sino de nuestra existencia, consideramos como válido que unos se estén matando con otros. Porque al fin de cuentas ¿de qué más se va a nutrir nuestro discurso? ¿de qué más van a vivir los medios de comunicación sino es informando sobre el sufrimiento, ya sea en primera plana o como un apunte en el reglón? ¿de qué van a vivir los políticos para construir un fortín de seguridad en el cual quieren permanecer perennes como los árboles que ahora talan? La violencia, vista de manera histórica se volvió un negocio tan lucrativo que parece que nos consideramos incapacitados para salirnos de él.

Y tal vez ese es el principal problema para todo proceso de paz. Que no vemos una línea directa unida con el hilo más fuerte de las parcas en cada una de las guerras que históricamente hemos vivido. El recordar el pasado es encontrarnos con todos esos procesos de paz o tratados de paz que empezaron mostrando la calma imperecedera pero que con el pasar de los años fue sacando al descubierto las inseguridades, temores y angustias de toda población; miedos con los cuales se montó una nueva guerra creyendo que ese adjetivo es realmente válido.

Hemos sabido parar un conflicto, darle una pausa, decir “no más”. Sin embargo, lo que no hemos sabido es sostener esa pausa, puesto que un dialogo de paz realmente es un ejercicio diplomático que dentro de su psique mantiene vivo al conflicto, ejemplo de ello vemos cómo a pesar de una cese al fuego, de una entrega de armas o de paso a la vida política, el poderoso, el que con miedo terminó provocando el nacimiento de su enemigo, luego de darle la mano y firmar un documento cuya palabra más grande es “PAZ” siguió desconfiando de él y terminó diciendo “te quiero pero lejos (o muerto, que viene siendo lo mismo). Para la vida política de Colombia el enemigo está presente porque los que dominan han sido siempre los mismos; lo que hace que estos grupos que se construyeron como pacificadores desde hace un siglo sigan pensando que son los únicos que tiene el derecho divino de seguir siendo esos pacificadores. Ya sea con la palabra, con la ley o con las armas, han sabido mantener a la sociedad con un miedo por aquel que sin ser parte de ellos se quiere posesionar.

Con lo anterior, no quiero decir que solo los poderosos son los que tienen la culpa, que solo los que ostentan los cargos más importantes del país son los causantes de este mal. No, la verdad no lo creo así, ya que, soy de los creyentes de que, si vamos a nombrar culpables, mirémonos cada uno de nosotros y examinemos, cada uno, nuestro pasado; allí encontraremos la culpabilidad. Sin embargo, de echarnos la culpa ya hemos vivido bastante, latigarnos y jurar “por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa” no ha sido el antídoto necesario para que el mundo cambie. Creo, realmente, que el sacrificio está en comprender que todos debemos ceder y aceptarnos como mortales que dejamos la tierra sin ninguna posesión más que la de nuestro cuerpo, ya que, la violencia viene dada por ese afán de posesión que nos hace arrebatar al otro su vida.

Cuando comprendamos que el mundo existe sin nuestra “artificial necesidad de existir” sabremos que poseer grandes extensiones de tierra, grandes cantidades de dinero o grandes cantidades de lujos no es significado de ser humano, de ser persona, de ahí que, cuando comprendamos eso, comprenderemos que el otro no es el enemigo con el que compito para hacerme más fuerte sino que es con el que trabajo para hacernos fuertes los dos pero no fuerte para luchar contra otros dos, sino fuertes para llegar a viejos y morir tranquilos. Lo anterior implica que habremos pasado, sin darnos cuenta, del perdón, de la reconciliación a la reparación sin que esa palabra signifique que yo me vuelva siervo del otro para que este me humille. Cuando comprendamos eso, nos daremos cuenta que todo el pasado que vivimos debe ser evitado a toda costa, y ahí es donde aparecerá la responsabilidad histórica que tanto se anhela en este mundo. Ahí es donde comprenderemos que no debemos tener responsabilidad histórica por ser alemanes, japoneses, congoleños, estadounidenses o colombianos. No, ahí comprenderemos que debemos tener una responsabilidad histórica porque somos humanos.

sábado, 11 de abril de 2020

NO OS ESCANDALICÉIS TAN ROMÁNTICAMENTE


NO OS ESCANDALICÉIS TAN ROMÁNTICAMENTE
Por: Carlos J. Gutiérrez

Mientras permanezco en mi ostracismo preventivo, internet no parece cambiar en su función. Sigue permaneciendo como “la fuente de información clave” para estar en la casa enterado de todo, tal vez por eso, para algunos, las medidas que se han tomado tampoco es que les haya cambiado la vida. Pero bueno, no vamos a hablar de eso, hacía referencia a internet, porque en una de las redes sociales que adoramos consultar, la librería “La Valija de Fuego” puso una imagen acompañada de una frase me llevó a reflexionar sobre la situación que vivimos. En la imagen vemos las diferentes formas en las cuales las personas encerradas viven el mismo ostracismo voluntario en el cual yo vivo. Esas escenas se contrastan con la calle, en donde los que hacen domicilios, los médicos, los de la basura y otro tipo de personas siguen haciendo su labor, como si nada hubiera cambiado.

La imagen estaba acompañada por la frase “¡No a la romantización de la cuarentena!”. No se podría estar mas de acuerdo con esta idea, sobre todo en tiempos en donde el individualismo es el pan de cada día. El sueño de una torre de marfil; en el cual evitamos el contacto con tantas personas, nos volvemos adoradores del teletrabajo y caminamos lentamente hacia el pensamiento de que estar en casa es estar seguro, también implica la construcción de un mundo ideal en el que el encierro nos hace pensar que todo está bien y que no hace falta nada ni nadie. Pero en ese pensamiento nos olvidamos del otro.

Romantizar un estado en el que nos encontremos no implica prestar atención a la realidad, como comentaría uno de los usuarios de Instagram a la imagen. Y romantizar la pandemia implica que se nos olvida que, por esta, construimos un sistema de evasión en el cual las plataformas, las tareas inventadas o el llenarnos de ejercicios sin terminar ninguno, se convierten en la manera eficaz de obviar lo que no debe obviarse. También nos evita cambiar los hábitos que teníamos incluso antes de entrar en la pandemia, consideramos que normalizar la situación o la forma en la que laboramos es lo más cercano a creer que no ha pasado nada, además que, al parecer, en nuestro subconsciente empieza a crecer un tipo de prejuicio hacia el otro que no habíamos contemplado anteriormente. Empezamos a rechazar a los médicos, los celadores, los repartidores u otro tipo de personas que ven como el mundo se detuvo mientras que ellos siguieron andando.

Romantizar la pandemia implica que olvidamos que nuestras actitudes ante la vida están cambiando y que ese cambio debe tomarse con calma. Ya, La Pulla, en un video de María Paulina Baena, explicaba que con el aislamiento la activitis se volvió una enfermedad debido a la falacia de que hay tiempo de sobra. Cuando, realmente lo que sucede es que el tiempo es el mismo, y los planes que se proyectan no se van a cumplir por más encerrados que se esté. Al fin de cuentas, no se trata de hacer muchas cosas y de querer alcanzar logros de manera inmediata en todas las áreas del conocimiento. Estar encerrados más bien, debe comprenderse, como un ejercicio de responsabilidad mutua, como un momento para hacer una pausa y ver la información con mucha más lentitud de lo que se hacía para dejar de creer en lo que no es cierto o para evitar caer en creencias que solo nos van a embaucar, así como también debe servir para agradecer a esas personas que por diferentes motivos aun salen a las calles puesto que de eso depende su subsistencia.

Ahora recuerdo la frase de Brecht cuando estrenó su obra “Tambores en la noche”, lo que estamos viviendo hoy en día, lo debemos vivir como él solicitaba que el público viera su obra. No se trata de idealizar su mundo apartado del otro, no se trata de entrar en pánico porque se acerca el fin del mundo y por fin le atinamos a una profecía, no se trata de vivir en una angustia constante sobre nuestra existencia esperando que si salimos bien librados de ella para que creer que las cosas deben y van cambiar. No se trata de nada de eso, se trata de mirar con la tranquilidad del alma los diferentes eventos que van sucediendo cada día para poder a partir de ellos tomar medidas que a corto plazo nos van a servir y que, al final, nos mantendrán conectados con la humanidad.

sábado, 4 de abril de 2020

BEATUS ILLE


Beatus ille
Por: Carlos J. Gutiérrez

Por lo general pensamos que las cosas son absolutas. Que permanecen estáticas en el tiempo como si no se movieran y no se desgastaran, como si fueran algo inmaculado que todo el mundo considera verdad absoluta y que por tal motivo no se puede desintegrar. Solemos pensar que la vida solo es válida cuando los momentos que adoramos, las personas que queremos o las acciones que nos gustan son estatuas perennes como un árbol que alimenta nuestra vida. Gritamos a los cuatro vientos el gozo de saber que todo es primaveral, olvidando eso sí, que el ser humano, como sus acciones, es, en la mayoría de los casos un ser de corto aliento al que se le acaban las frutas del trópico y, lo que era dulce lo coge de improviso agrio para volverlo un animal melancólico.

Y esto no es más que un constante golpe de la naturaleza humana al mismo ser. Es un disparo que nos deja amnésicos y dormidos por un buen tiempo, nos vuelve ciegos ante la posibilidad de que el fin se encuentre cerca. Hoy en día, que vivimos un periodo tan oscuro, que terminamos viendo las señales del apocalipsis por todos lados o confirmamos nuestra creencia de que los mayas no se habían descachado, sino que sufrían de dislexia y por eso había escrito 2012, se hace más patente esa melancolía por darse cuenta que las cosas se van a acabar. Recordamos que nuestra vida en las calles con todo y tráfico eran agradables, que el estrés del trabajo apabullante nos mantenía amargados pero vivos o el soportar a lo insoportable nos mantenía despiertos y con las ganas de levantarnos todos los días de la cama.

Vemos cómo las ironías se van acumulando en torno a la situación que padecemos. Pero recordemos que no porque estamos cerca al final de nuestros días la melancolía apareció. No, porque, tal vez todos nosotros hemos sufrido de esa falta de beatus ille que nos debería permitir llevar una vida de goce. No estoy hablando de un epicureísmo alargado donde la cucaña siempre vive presente. No hablo de eso. Hablo de la falta constante que tenemos de darnos cuenta que a las cosas hay que dejarlas ir porque simplemente se acabaron y perdieron su gracia, se volvieron aburridas o pasaron a ser conflictivas. Como individuos que habitamos por un micro instante este globo terráqueo debemos comprender que las cosas son una rosa caída de su carro alado, no son eternas, no son perennes, no estamos en la utopía bebiendo ambrosia y néctar, somo hombres de carne y hueso cuyas acciones son como los alimentos: se deben consumir para que no se dañen.

Pensemos por un momento qué pasaría si al no soltar todos los momentos, las personas, los recuerdos, los objetos y los hechos se fueran acumulando delante, atrás, a un lado o al otro de nosotros. ¿A dónde iría a parar nuestra mente? ¿Cómo podríamos llevar nuestra vida? ¿cuál sería el disfrute que tendríamos? No dejar ir las cosas hace que nosotros como personas nos volvamos esquizofrénicos, paranoicos, soñadores, obsesivos e incapaces de disfrutas los pequeños momentos de la vida. Así que, para no alargarnos más, recordemos siempre que todo cuanto nos rodea tiene una fecha de caducidad, incluso nosotros mismos tenemos esa fecha para esas personas que creemos que se convertirán en nuestro centro o creemos de las que creemos nos volveremos su centro. La verdad es que no, y esto no es malo, porque es mejor haber aprovechado ese corto momento que se vivió a vivir con la angustia constante de querer mantenerlo atado así se a la fuerza.

martes, 14 de enero de 2020

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL SÍ TENDRÁ LUGAR


LA TERCERA GUERRA MUNDIAL SÍ TENDRÁ LUGAR
Por: Carlos J. Gutiérrez

Dos hombres. Uno algo choncho, rubio, blanco, con una boca pequeña de la que le sale un montón de palabras cercanas a la basura. Otro, otro es cualquiera, una sombra, un desconocido que viene de oriente, de medio o del sur. Un enemigo que puede ser uno mismo. Los dos se sientan en sus mesas, limpias, pulcras, blancas e impolutas, toman su café, su té, su whisky o lo que ellos mismos prefieran tomar, sus ojos cerrados simplemente saborean lo que su boca va comiendo poco a poco. La casa en silencio o con alguna música clásica sonando de fondo mientras su servidumbre permanece de pie en silencio esperando el chasquido del dirigente para cumplir alguna orden. El chasquido, esa orden tan impersonal, tan poco humana pero que tiene la fuerza de movilizar a todo un estado hacia el abismo.

Mientras que estos dirigentes que no se miran el uno al otro sino a partir de un ejercicio de diplomacia disfrazada en la cordialidad; en el fondo, sus súbditos principales convierten a todo el mundo en un conjunto de marionetas arregladas para ingresar a un campo de batalla. Lo que se necesita para iniciarla no es nada más que pasarse de la raya; ser lo suficientemente arrogante para mirar por encima del hombro al otro o pasar por encima de él. Así empezaron las anteriores. En la víspera de una guerra mundial anunciada desde los deseos más profundos de los que nos rigen, estas palabras son simplemente la repetición de una obra que todo el mundo ya conoce y que en algunos puntos la han visto desde la comodidad de su casa, mientras que otros, la viven en su carne y sangre derramada.

Al parecer, luego de millones y millones de años, todavía nos vemos como enemigos. Por lo que el matarnos se volvió una necesidad inmaterial pero cotidiana. Ha sido así desde que el primer germen que se separó de los monos descubrió que el hueso puede ser un arma letal si se agarra con fuerza para dar un gran golpe en la cabeza del otro clan. La historia parece girar en torno a ese golpe, en poner, quitar, volver a poner o desbancar al que este sentado en el trono mayor. Pero realmente no es que lo quite, simplemente se turnan, porque los enemigos de siempre, de hecho, parecen no morir, solamente mueren sus súbditos. Quienes ponen su cuerpo como los peones del juego. Hay unos, que incluso desde su fanatismo inmisericorde, se vuelven las mejores marionetas que un líder desde las sombras pueda tener. Matan con la felicidad de un niño cuando come un dulce; sin darse cuenta que detrás de esa sed violenta no hay nada bueno para él, ya que no dejará de ser ese peón sacrificable que se necesita para que funcione la trampa.

De todas las propuestas apocalípticas que se han mencionado desde el dichoso 2012 de los Mayas, no parece haber alguna que decida echarle la culpa al hombre; cuando lo hace, habla del medio ambiente, habla que destruimos la capa de ozono, que matamos los ecosistemas, que las basuras taparon o mataron las reservas, que la tala de árboles dejó sin posibilidad de generar oxigeno u otras. Pero, tal vez la que más hemos obviado porque no la consideramos a simple vista como un elemento importante para el fin de la humanidad, es la guerra. A esta la hemos celebrado, temporalizado o contado en millones de fábulas. Pero nunca hemos dicho: “el fin del mundo llegará porque en un conflicto armado terminaremos matándonos los unos a los otros y de paso a esta tierra que habitamos”. Nunca lo hemos dicho, ya sea porque la naturalizamos como un elemento de movilización tecnológica o porque la vivimos diariamente, así que, una guerra más, una guerra menos no tiene la importancia vital que debe tener.

Hoy, que estamos en un momento en donde la arrogancia se vuelve a tomar el poder, en donde la miseria reina como nunca antes, en donde el otro es más enemigo de lo que era antes, y cuando los límites que se dibujaron hace mucho para separarnos se están cayendo a pedazos, es necesario dar cuenta que en nuestras manos está ese botón de autodestrucción. Ese botón que nos busca desde el comienzo de nuestros días, que exige una limpieza, un reinicio para reacomodarse a su manera, un cambio de paradigma para que otro de los mismos se ponga en la punta del cuchillo. Hoy en día, estamos más cerca de cercenarnos a nosotros mismos que de que un tsunami de proporciones titánicas nos arrase. Estamos más cerca de que el mundo implote por el sonido de la metralla, las bombas, los ríos de sangre o la destrucción atómica que porque se muevan las placas tectónicas o los polos desaparezcan. Hoy, la tercera guerra mundial si tendrá lugar, lo que aun falta, es determinar el momento exacto en que el reloj del juicio dé la alarma de inicio.


martes, 7 de enero de 2020

UN PÍCNIC POR BOGOTÁ


UN PÍCNIC POR BOGOTÁ
Por: Carlos J. Gutiérrez

En las redes sociales como Facebook o Instagram, el 31 de diciembre, mientras esperaba que fuera la dichosa medianoche, vi durante todo el día la lluvia de memes que podía titularse como se tituló uno de ellos específicamente: “hoy no es cualquier 31 de diciembre”. Lo decían porque, en efecto, era el fin del periodo administrativo del alcalde Enrique Peñalosa. Criticado, hostigado, vapuleado, desmentido e incluso, como el mismo lo diría en una entrevista “agredido”. Tal vez lo que se dijo sobre él era verdad o tal vez no, no lo sé, no soy el verdugo de su cabeza ni espero ser el de ninguna. Igual, no faltaron las risas, las asociaciones al monorriel de los Simpson o el juego con las frases famosas que le gustaba decir sin saber que eran lo más absurdo e incoherente que se le haya podido escuchar -porque aquí, varios políticos, tienen como hobbie dar papaya con lo que dicen-. En fin, ya se fue, dejó una ciudad con unos índices que solo serán utilizables para aquellos que toman un punto de vista a favor o en contra del ahora exalcalde.

Detrás de la salida de Peñalosa, me quedó una pregunta a responder ¿qué es Bogotá? Una serie de respuestas se me vienen a la cabeza: una ciudad atrasada que recibe cuanto desplazado interno y externo le toca; un pueblo arrogante, crecido, ignorante o anquilosado; una urbe con la necesidad de hacer cambios demasiado significativos para realmente merecer ser denominada con esa etiqueta, o un “pueblito viejo” que ya es hora de que abandone esa añoranza que disfraza románticamente el atraso. Bogotá para sus dirigentes es la ciudad que quieren pintar a su imagen y semejanza pero que en el fondo solo es una imagen refractada, deformada, llena de huecos, imposible, amañada o acorralada por quienes la quieren estafar. Definir a Bogotá es en muchos casos definir la historia de Colombia con todos sus atropellos.

Pero, a pesar de que escribiendo este artículo me surge esa pregunta tan inmensa, no es lo que se vino a responder, no, yo no podría hacerlo porque simplemente soy alguien que expresa una opinión que no necesariamente es acertada y mucho menos es escuchada. La verdadera pregunta que quisiera responder aquí es mas cercana a nuestro ahora, a nuestro tiempo, menos etérea en su esencia; esta pregunta es válida porque no solo es una opinión sino una esperanza. ¿Qué posibilidad tiene Claudia López como nueva alcaldesa de, no solo mejorar la ciudad y llevarla un paso más delante de lo que está, sino también de cambiar la mirada que se tiene de los dirigentes? Por lo menos en Bogotá es de lo que más pendientes debemos estar y de lo que más estarán algunas facciones políticas que se consideraron perdedoras en las pasadas elecciones, ya Petro nos lo demostró con un trino en el que lamenta la ratificación del gerente del aun inexistente metro de Bogotá, le madrugó a la postura crítica o criticona hacia la nueva alcaldesa. Tal vez todos lo debamos hacer, pero no solo viendo las cosas malas que los medios nos digan sin que nosotros sepamos porqué son malas, sino las buenas, sobre todo las que son dichas directamente de los medios de la alcaldía o por lo menos buscando las fuentes más fidedignas.

El primero de enero, la posesión de la alcaldesa fue la evidencia de una definición de lo que es Bogotá, pues, su posesión es la demostración de una ciudad que gusta por votar por la alternativa. Aprovechando un festivo, se formó una caravana en bicicleta que viajó hasta el parque Simón Bolívar donde tomó posesión de su cargo y ratificó, ante los que la acompañaron, que llegó al poder “la ciudadanía”. Fue un mensaje directo sobre la intención de hacer un gobierno diferente; lo mismo sucedió con el nombramiento de las secretarías, que a los ojos de los medios y de la misma alcaldesa representan un conjunto de expertos en la materia que servirán para la mejora de la calidad de vida de la ciudad. En palabras, todo es bonito y siempre debemos recordarlo, ahora falta mirar si en los hechos los cambios que se prometen si se logran aplicar. Igual, no hay que negar que haber hecho un pícnic por Bogotá en su posesión fue un toque sorpresivo y que gustó.

Claudia López, como senadora, siempre fue una pieza fundamental del liderazgo contra los malos manejos, la corrupción, pero, sobre todo, de las decisiones que afectan a la población. Se mostró transparente en su modo de actuar y jugó un papel importante en ponerle la cara a partidos como el Centro democrático que en la mayoría de los casos parecía un grupo del lado oscuro que no ve en sus propuestas los efectos negativos para la mayoría de la población. Pero, Claudia López también caía en el juego de la polarización, en el grito de guerra contra “el malo” sin saber si se era completamente bueno con el grito de guerra que se estaba pronunciando. Eso, no solo es un defecto sino puede ser una piedra en el zapato para su administración, porque lo que se debe entender es que a veces es más fácil fiscalizar que dirigir, pues en el fiscalizar, las palabras se vuelven humo que esconden la realidad. Así que, una de las desventajas que se espera que no se vuelvan en su contra es esa voz polarizante que no siempre la pueda llevar a tomar buenas decisiones.

Por el momento, se puede ver que no empezó de esta manera, antes bien, arrancó con la coherencia que la caracteriza en la mayoría de los casos; pues se alegró que se haya propuesto a Galán, su antiguo contendor para la alcaldía, como el presidente del consejo de Bogotá. Eso alegra, no solo porque muestra una intención de diálogo con todos los partidos sino porque como ella misma dice, se trata de demostrar que la oposición también tiene una voz igual de fuerte en el consejo y que desde su mirada puede contribuir con el cambio. Su transparencia frente a la ciudadanía también desde el inicio se mantiene, hizo pública su declaración de renta y solicitó a sus secretarios que hicieran lo mismo, todo esto con el fin de demostrar que, arrancando con todas las cartas sobre la mesa, sin esconder ninguna, significa que lo que se quiere hacer se hace de la misma manera, sin nada oculto. También es plausible que asistiera a una reunión en Soacha movilizándose en Transmilenio, No obstante, esto no debe tratarse de un ejercicio de politiquería o populismo, sino que esperamos que, si se moviliza por este medio, haga una evaluación de cómo funciona el sistema para ver como puede mejorarse, no solo en movilidad sino en competencia ciudadana.

Esos son solo pocos ejemplos de la adecuada función pública de un alcalde, no la alabo por eso, pues las buenas obras también las puede hacer en algunos casos un tirano, pero si quiero llamar la atención a que estas buenas obras se mantengan porque son uno de los peldaños que permiten el mejoramiento de la ciudad. Ahora, también es necesario recordar que uno de los eventos con los cuales los gobernantes tienden a blindarse es con la observación del pasado, del histórico o el administrativo. Sabemos que por obligación se debe mirar el retrovisor para ver cómo quedó la ciudad, qué se ejecutó, que se dejó en papel y qué a medio hacer; pero la mirada hacia atrás no debe ser un elemento constante de crítica para validarse, ni mucho menos la colcha de protección contra los ataques para encontrar culpables donde no los hay y donde solo se tiene como significado el evadir los problemas.
Mirar la administración anterior debe validar lo bueno que se haya hecho y lo que se debe mejorar, pues, la única idea que debe permanecer, no solo en la cabeza de Claudia López, sino en la de las administraciones que le sigan a ella es, que la construcción de las grandes ideas y de las principales transformaciones para Bogotá no viene de una sola cabeza sino que debe construirse como un proyecto de ciudad para que nadie, estando en el poder, tenga la arrogancia de decir “esto se construyó en mí gobierno” sino que más bien diga, esto fue una construcción bogotana.

La responsabilidad de cambiar la mirada que se tiene hacia los políticos, no necesariamente es de ella, por ningún motivo es el chivo expiatorio para demostrar que todos son igual de malos sean lo que sean, al fin de cuentas, es una persona más, alguien que se mueve bajo una idea concreta, un pensamiento concreto y unos intereses particulares. De entrada, debemos entender que el hecho de que ella haya sido elegida alcaldesa, no implica directamente un cambio de 180 grados, no, tal vez, las cosas sigan igual, como lo pensarían los escépticos o los negativos. De tal manera que el deseo de que a Claudia López le vaya bien no es porque sea mujer, sea lesbiana, sea de izquierda o moderada. El deseo viene porque es una gobernante, una a la que una cantidad de bogotanos la consideraron apta para ocupar el cargo que ahora ostenta, una que tiene la responsabilidad civil que deben tener todos los políticos, y es la de hacer las cosas bien, no para unos pocos sino para que, lejos de la polarización, la bravuconada, el servilismo o la tiranía realicen los cambios efectivos y reales que tanto se propugnan en tiempos de elecciones.

lunes, 25 de noviembre de 2019

LA BARRICADA CONTRA LOS FANTASMAS

La barricada - Otto Dix (fuente: pinterest.com)


LA BARRICADA CONTRA LOS FANTASMAS

Por: Carlos J. Gutiérrez.

En medio de la noche, la oscuridad oculta los miedos que de niños nos acogían. Un destello rápido, un grito, el sonido de una alarma, alguien que inició con los gritos, el “¡ahí va!” pero sin saber quien va. Las mujeres temerosas, otros hombres igual, los palos de escobas vueltos armas, una katana, un rifle, una pistola, varios machetes. La mirada amenazante y amenazada de muchos me hizo recordar un cuadro de otto Dix que había visto en una enciclopedia de arte contemporáneo en la hoy desaparecida biblioteca Colsubsidio del barrio Roma. Me hizo recordar ese cuadro porque en la noche del viernes me sentía dentro de él. Al momento de buscarlo solo tuve el recuerdo del nombre, no por el cuadro, debo admitirlo, sino por la canción de 2 minutos – la banda de punk argentino – cuyo nombre es igual al del cuadro.

Die barrikade se llama el cuadro expresionista que se me vino a la cabeza en la noche del viernes. No encontré la versión que permanece en mi cabeza desde hace más de diez años, pero si encontré otra que igual no está lejos de lo que vivimos en Bogotá. Ya que por un momento corrió parte de la historia de este país por mis venas: la luchas entre unos y otros porque hay que liberarse de un yugo, el machete de tres abuelos que con todo y ruanas me hicieron pensar en el bogotazo y cómo en un día todo se fue al trasto; los disparos alternos entre silencios y algo parecido a explosiones me recordó los titulares de finales de los ochenta e inicio de los noventa cuando los carros, las cartas, los cilindros o cualquier otra cosa se volvía una bomba. En fin, por un momento, el viernes se volvió doscientos años de historia. ¿Qué fue lo que nos pasó?

Realmente lo que pudo haber sucedido fue un levantamiento pacífico vuelto un suicidio que para unos fue necesario y para otros simplemente fue una pérdida del objetivo. Lo sucedido fue la forma de demostrar como la protesta no logra llegar a la propuesta, no porque no tenga la intención sino porque consideramos que atropellar las estaciones, la policía, los locales, las casas o el transporte público es la forma de decir “No más”. No obstante, lo triste de este pensamiento es que ese grito iracundo que vuelve las marchas un acto violento hace que se pierda, así sea por un momento, la fe en el cambio. ¿Qué puede salir de un acto en donde los tambores se llenan de sangre y de furia? Algunos creerían que es un renacimiento, un fénix surgido de las cenizas para restablecer el orden que dejó el caos a su paso. Otros, considerarán que simplemente fue la forma de comprobar que el cambio se acaba cuando se piensa que la salida más valida es el holocausto.

Y tal vez los unos o los otros tengan razón; las protestas, las marchas y los disturbios simplemente sirven, en algunas situaciones para comprobar que nuestro comportamiento animal todavía nos domina. Somos como lobos que, al momento de encontrarse con otro grupo, se miran, se sienten amenazados y atacan hasta matar. También nos parecemos a las aves de rapiña que a la menor oportunidad tomamos lo que consideramos nuestro, como si esa fuera la manera en que debemos actuar. Somos, al mismo tiempo, ese grupo heterogéneo de bestias que al sentir un temblor o una perturbación arrancan en estampida arrollando todo lo que se tienen a su paso, olvidando lo que debemos hacer y el cómo debemos comportarnos. En el caos, surgen de nuestras cenizas las aspiraciones violentas de nuestro instinto en una selva de cemento cuyo bestiario no deja de construirse y hace que pasemos a estar por debajo de aquellos que se extinguen.

Ahora, ¿qué de humanos nos queda en ese comportamiento animal? Lo único que tal vez se puede afirmar es la imbecilidad de protegernos detrás de los otros. Ocultarnos bajo los defectos de los que consideramos nuestros enemigos. Afirmamos las noticias falsas, los comentarios sin sustento y las cadenas de mensajes que prenden las alarmas como un grito que espera ser seguido. Estamos tan inmersos en un estado de conspiración que la verdad ya no se nos hace evidente con una lampara, antes bien, la apagamos para sentirnos desprotegidos, gritar, seguir detrás del otro, y así, armar una turba con el fuego de la palabra. Nos inventamos enemigos fantasmas contra los que construimos barricadas que satisfagan nuestras ansias de destrucción.

En el panorama apocalíptico que se pinta aquí, no quiero dejar a la oscuridad reinando. No sería algo obvio si lo que se quiere es que nos iluminemos y dudemos o pensemos. A pesar de que podemos afirmar que las redes sociales son promotoras del pánico y el llamado al caos, también tienen la ironía de revertir nuestra situación en un abrir y cerrar de ojos, de estrellarnos a la cara, como si de un pastel se tratara, la verdad de cuántas realidades se percibe. No había nadie (pum), solo eran falsas alarmas (¡una más!), una fake news que te tragaste (¡la del cierre para que aprendas!), ¿no te sientes como si la dignidad te hubiera abandonado? Sí, me siento como un imbécil cuando actúo como una estampida temerosa de fantasmas en la noche que terminarán siendo nada y pasarán a alimentar la sabiduría popular a costa de nuestras espaldas torpes.

La verdad, si es que no es otro fantasma que perseguimos sin alcanzar, es que, a pesar del tiempo, de los medios, de la ciudad, del vecino, la vecina, el conjunto, el barrio y las veces que salude a ese que está a mi lado, el pánico me hace desconfiar del otro porque simplemente el otro no soy yo y pienso que me va a herir, me va a dañar, me envidia o me desea muerto. Y si esto es así, entonces que caiga primero el otro. La verdad es que la sociedad vigilante todavía sigue siendo de nuestro aprecio, así como para el bondadoso hombre es bueno rezar al dios omnipotente para ir al cielo a pesar de odiar al otro hasta el punto de dañarlo.

martes, 16 de abril de 2019

BOGOTÁ EN SUS PRÓXIMOS ALCALDES


BOGOTÁ EN SUS PRÓXIMOS ALCALDES[1]
Por: Carlos J. Gutiérrez.

Ya inicia la carrera por esta alcaldía que tantos desean, ya no existen nombres tan concretos porque el pasado los dejó borrados, no pensamos en un Petro, en una López y el señor Peñalosa pronto acabará su mandato (no importa si bueno ni malo… pero por fin lo va a acabar). Lo último que se ha podido saber, gracias a los medios, es de un puñado de nombres de los que solo el de una es muy conocido, otra López, ahora, ¿El que sea la más conocida la hace más fuerte? No necesariamente. Sin tomar partido por ninguno, miremos esas cartas de los partidos para obtener la alcaldía de la ciudad más importante del país (?).

Hablemos de los “desconocidos”, llamándolos así simplemente porque son nombres que han estado en los radares bajos de la política colombiana; no salen en televisión ni en el periódico, ni en las redes, son nadie, siguiendo el hilo de la ignorancia filosófica de este mundo: “Si no están en los medios, no existen”. Esto no les quita mérito, esto tal vez sea un as bajo la manga por ahora. El Espectador[2] en su artículo los llamó “Los alternativos”. ¿Qué tendrán de alternativo? Pues no lo sabemos. Por un lado tenemos a María Andrea Nieto, exdirectora del SENA, quiere lanzar su candidatura a la alcaldía desde la plataforma de las firmas; una comparación realizada por ese medio, la hace una candidata que se aleja de lo tradicional, evitar las coaliciones además que busca impactar en los grupos ciudadanos ambientalistas y lo naranja.

Ha trabajado tanto en lo público como en lo privado, es madre; ella lo presenta como una fortaleza pues tiene la capacidad, según ella, de poner la “casa” en orden. Busca una sociedad fundada en el “bien-estar”; en su diagnóstico se pone en contra de Peñalosa, al afirma que la ciudad está atascada, insegura y enferma. Toda una mirada crítica que nadie había visto (?). Habla tibiamente (muy en onda con fajardo) sobre el metro, habla de no perder plata cambiando las decisiones ya dejadas en esta alcaldía, es repetitiva al hablar del Transmilenio y del SITP (nada nuevo, la preguntas es ¿Alguien podrá hacer algo con ese sistema de transporte? Peñalosa nos dejó bien engrampados desde el 2000). Habla de la ciudad 24 horas para reducir la contaminación y su política contra la violencia hacia la mujer y el niño no es muy amplia o concreta en lo que dice.

El segundo desconocido es Luis Ernesto Gómez, exviceministro en el gobierno de santos y con una coalición del centro-izquierda. ¿Qué nos dice El Espectador sobre este “Alternativo”? es un buscados de los “cambios profundos” a partir de una agenda naranja, su grupo busca a la gente que odia la política (¡) pero que tiene una agenda, el papel del internet parece ser muy importante y su grupo al consejo es casi 50/50 con relación a género. Habla de ser un grupo cultural (masa naranja) que busca consciencia y sostenibilidad para la ciudad, escoge el subterráneo, (muy Petro, lo que chocaría con la agenda actual del palacio de Liévano) y una política de transporte progresista (hablando del partido no de la cualidad). Con relación a la seguridad, no dice mucho, más bien repetitivo, sabe cifras, no se sabe que tanto las vuelva acciones.

Como vemos, tal vez de alternativos solo tengan lo desconocidos, pero no nos desanimemos, dejémoslos hablar y proponer para mirar con que nos van a salir. Por el momento, pasemos a caras un poco más visibles y mostradas desde el ojo de La silla cachaca.[3]

No es que no sea desconocida, es que su partido es el máximo representante de una parte de la política tradicional disfrazada de alternativa: el centro democrático. Ángela Garzón hija de Angelino, es apoyada por el partido en la pugna por la alcaldía frente al oponente de Cambio Radical: Miguel Uribe Turbay. Lo que podemos ver aquí, es una mano de delfines que heredaron el poder o cuasipoder de sus padres y/o familiares. Elegida por los no uribistas (?) empieza a trabajar para llegar al palacio con propuestas ancladas en su concepto de “centro social” acercándose a las poblaciones que no se siente representadas por el CD, se ha alejado de lo propuesto por Peñalosa (como todos, quién quiere estar cerca) en el gobierno actual. Desde otros puntos la ven como una contraparte de López, pero igual podríamos decir de Nieto o de otra mujer que se quiera lanzar a la alcaldía. No la tiene segura, pero así la han mostrado en los medios.

Su contrincante más cercano es Miguel Uribe Turbay, este va más en la línea de Peñalosa. Hijo de un concejal, de una periodista asesinada por “los extraditables” y nieto de un expresidente, es un delfín más que siendo un joven concejal se opuso a Petro durante su mandato, un ala muy derecha como podemos ver. Alienado con Vargas Lleras o por lo menos con sus formas de hacer política se fue en busca de firmas para su aspiración a la alcaldía y las lograría gracias a sus amigos concejales y ediles, toda una maquinaria política en acción. Desde su plataforma de avancemos quiere ser continuador del modelo de ciudad propuesto por el actual alcalde, quiere acabar con los expendios de micro tráfico (no recuerda el mito de la hidra o no recuerda lo que sucedió con la desaparición del Bronx o el cartucho, o lo sabe pero considera que es una buena apuesta). No piensa en la primera línea del metro (que para él ya está diseñada y lista para construir) sino en una segunda; habla de la reserva protegiéndola y desarrollándola, habla de conectividad y de funcionalidad, de eso que se hace en la actual administración (¡) y que se debe continuar. Un firme continuador.

Del Polo, qué podemos decir de ese partido que pareciera negarse a morir cuando ya está muerto, cuando nadie más piensa en ellos más que un partido que mostró su peor cara cuando destruyo o robó a la ciudad. A pesar de eso, Cielo Nieves lanzó su candidatura y respaldado por el partido, se dedicó a dar una clase a cielo abierto, según semana[4], sobre medio ambiente y Transmilenio, finalizando con una merienda de empanadas (muy a lo de “me voy en contra de las absurdas formas de proceder de las instituciones gubernamentales). Cercano a los docentes por toda una carrera entre los mismos su candidatura se centra en este elemento, asegurando que es necesario una política de alta calidad y cobertura[5]. Otras propuestas es la oposición sobre el tema de la reserva, el ataque al micro tráfico con educación y empleo, además de su férrea oposición al modelo de metro propuesto en la actualidad. En fin, una política de izquierda que mira lo malo de otros y no lo malo de ellos, como si no se hubieran purificado.

Por último y no menos importante: la exsenadora Claudia López, quien bajo el ideal de “construir la ciudad que soñamos” (no la que necesitamos) logró ganarle la puja al exsenador, excandidato presidencial y exgobernador, el señor Wolf. Arrancó, según semana[6] de una manera moderada, esto quiere decir que en cierta medida, no va a mover lo que deje el actual alcalde sino que de ahí va a empezar para seguir su posible gobierno, tal vez lo dice, teniendo en cuenta que trabajó con Peñalosa en su primera administración y casi que de ahí en adelante arrancó su carrera política fuerte (Algo así como evitar quemarse criticando a alguien con el que alguna vez estuvo al lado). Buscará en sus propuestas fortalecer la cultura ciudadana (muy Mockus), un tránsito a las energías limpias (muy Petro), y se opuso a lo expresado por Peñalosa sobre Transmilenio o la Van der Hammer (muy “voy evitar prácticas poco populares entre los capitalinos”) además de esto, también se encuentran las propuestas sobre el hurto, la violación o el microtráfico aumentando el pie de fuerza y trabajando fuerte en el modelo ciudadano de Mockus. En fin, no sé qué tan viable sea esta candidatura, no sé si le ayudará a los otros por cualidades personales o si eso no tendrá un efecto tan grande, no sé si replicará aquí en Bogotá lo que sucedió en Chicago. Lo único que se sabe es que es la más visible y tal vez a la que muchos de los otros candidatos le apunten a vencer.

Por lo demás, no hay mucho que decir, tal vez no se habló de otros candidatos, como Garzón el exalcalde, Luna, Gaviria, el recién salido Wolf, Jorge Rojas o Hollman Morris. No se habló porque no son candidaturas tan viables o todavía están a la espera de las decisiones de los líderes de su partido. Lo que si debemos decir es que el gobierno de Bogotá debe buscar transformarse, no es una ciudad simple, es una ciudad compleja, mucho más que las otras capitales nacionales, y si no nos damos cuenta de esto, no encontraremos la solución al montón de problemas que la dominan. Bogotá lleva tiempo estacionada en el pasado. ¿Qué nos ofrecen los candidatos para lanzarla al futuro?

domingo, 17 de febrero de 2019

UN ACCIDENTE


UN ACCIDENTE
Por: Carlos Julio Gutiérrez.

Sabemos que la visión europea (por lo menos a nivel general y la que más se ha establecido durante mucho tiempo) nos introdujo en su historia “universal” desde ese accidental 1492 en que Colón por puro desconocimiento llego a estas tierras. Esa visión llegaba con un compendio de saberes que recién se empezaban a volver a contemplar y otros que llevaban mil años contemplándose y convirtiéndose en los saberes claves para el desarrollo de la sociedad occidental. Lo anterior siempre lo tenemos en cuenta al momento de preguntarnos porque llegamos a donde llegamos, pareciera que por los azares del destino el encuentro entre españoles e indígenas se convirtió en la piedra angular de nuestro ascenso como sociedad, pero, lo que olvidamos es que antes de ellos habían otros que tenían un ritmo de vida, de costumbres y de lenguaje totalmente diferente. Tan diferente que cuando hablamos de 1492 nombramos la palabra choque y nos damos cuenta que los indígenas que habitaban estas tierras tuvieron que pasar de una época clásica, preclásica o “primitiva” –como se quiera decir- a una modernidad de organizaciones sociales jerarquizadas bajo un modelo mercantilista, sin tener la capacidad de reaccionar tranquilamente.

Ese es –a grandes rasgos- el macro contexto que nos domina y que por más que queramos modificar se nos sigue dificultando retirar, no contemplar o cambiar aquello que desde los colegios debemos aprender. ¿Qué sucede con una sociedad cuando sus necesidades o posibilidades de crecimiento están supervisadas por un mundo que es externo en su mayoría pero que mantiene su influencia como una piedra roseta o una biblia fundamentalista que no nos deja pasar de los límites que nos propone? En cierta medida es como la frase de la película “El código Da Vinci” que rezaba: “Hasta aquí y no más adelante”. El macro contexto se convierte así en el principal elemento de la cadena que desde un pulpito da las directrices a seguir para que los demás simplemente digan “Amen, amen hermanos”.

La capacidad de frustración que se puede llegar a tener por lo dicho en el párrafo anterior puede ser muy grande. Surgen preguntas como ¿Para qué construir métodos de enseñanza efectivos para poblaciones periféricas según sus necesidades? ¿Alguna vez las instituciones públicas desde su lugar de poder comprenderán que deben ser independientes y generar políticas menos centralizadas? ¿Qué tan bueno es perpetuar un conjunto de saberes que se dan desde unos espacios que no son los nuestros y que piensan que lo único válido es aquello que ellos consideran pertinente? La vida del educador está siempre envuelta por estas preguntas, todos los días o por lo menos algún día a la semana nos preguntamos si lo que estamos enseñando o lo que los estudiantes están aprendiendo, realmente es práctico por lo menos a mediano plazo. De lo anterior no me resta más que contar la anécdota que me surge todos los años cuando voy a empezar las clases de lengua en grado décimo. Siempre arranco con la duda de porqué los libros escolares siguen generando como tema los mil años de la literatura española. ¿Cuándo me decidiré a proponer que se elimine la enseñanza de esa literatura? Definitivamente ese accidente de 1492 me ha dado muchos dolores de cabeza.

domingo, 10 de febrero de 2019

UNA CLASE (O DE CÓMO SE MUESTRAN LAS COSAS)


UNA CLASE (O DE CÓMO SE MUESTRAN LAS COSAS)[1]
Por: Carlos J. Gutiérrez.

Las expectativas con las que se ingresa a una nueva clase o a un nuevo programa siempre o casi siempre tienden a parecerse al primer día de colegio. Las sorpresas o lo que imaginamos sobre esa primera clase tienden a ser una serie de posibilidades que fácilmente se convierten en un contexto, una pregunta y varias opciones respuesta. El resultado será ese A, B, C o D en el cual se predijeron multitudes de actitudes, mecanismos o sistemas de enseñanza que nosotros mismos, como docentes, aplicamos alguna vez en un salón de clase. Pero la pregunta es, ¿cómo es posible que esas opciones no contengan el suceso real de lo que pasó? La sorpresa de lo inesperado puede en algunos momentos ganarle a la subjetividad de lo que conocemos como clase.

Imagínese usted que se llegue al salón de clase, que nos esparzamos por el salón, temerosos de entablar una relación cercana con los demás y que después de un tiempo de solución de dudas o inquietudes llegue el profesor que en algunos casos es más joven que nosotros y con la confianza de un amigo nos salude sintiendo la gratificación de ver a un grupo de personas lo suficientemente listos para recibir una clase. Hasta ahí, normal, ¿cierto? Pero esto cambia cuando ahora recuerdo que, adelantándome, al final nos dijo que si nos dábamos cuenta de todo lo que habíamos sacado de información a partir de un solo video de dos minutos. La verdad es que sí, con dos minutos de información todos podemos llegar a sacar ideas, inferir relaciones o determinar conclusiones que mediadas entre lo que vimos y nuestras creencias construyen la realidad que desde una clase podemos llegar a construir.

Imagínese que desde el primer momento la organización de la clase va desde el conocimiento del estudiante no por su nombre sino por lo que dice o hace. De cada uno de nosotros salía una idea que poco a poco dibujaba un esquema en el tablero como si a partir de palabras claves se construyera un texto con sentido y una dirección concreta. Había un objetivo, si, uno muy grande, solo que se encontraba interno, era inherente. Ahora, ¿Cuántas veces construimos nosotros una clase a partir de los aportes que los estudiantes puedan manejar? Pensamos directamente que el tema, y su competencia son de total desconocimiento de los estudiantes. La verdad es otra, los estudiantes pueden llevar varios años utilizando las mismas 23 letras del alfabeto o los diez números que conforman el otro infinito número de números. Imagine que un profesor con un video de dos minutos nos diga esto sin decírnoslo, hacernos caer en cuenta que en la clase el estudiante si puede decir algo y si puede construir algo y no hablamos aquí de aprendizaje significativo o de constructivismo, simplemente hablamos de que la voz del estudiante es muy válida dentro de una simple clase sin importar la escuela, metodología o forma pedagógica que se quiera aplicar.

La clase se construye con las tres principales partes que la componen, eso lo sabemos, lo que olvidamos es que esas tres partes no cumplen unos roles concretos, fijos y exactos; más bien, son como la plastilina, que se moldea sola a partir de unas circunstancias dadas. Puede que de lo anterior se hayan escrito un montón de ideas, puede que muchos profesores lo apliquen o lo consideren inoportuno para el pleno desarrollo de un objetivo a cumplir. Pero lo que diferencia a esa primara clase sobre el currículo, de las demás sobre el mismo tema, es que no tuvieron que decírnoslo, sino que de una manera práctica lo descubrimos haciéndolo. Alguna vez un youtuber llamado “Alvinsh” dijo que las cosas que mejor impactan no lo hacen porque lo digan de manera evidente sino que lo muestran de manera simbólica. Así es como sucedió en esta clase, así es como descubrimos que el significado de currículo no es lo que debemos empezar a leer, más bien, lo primero que debemos responder es por qué es tan importante un currículo. Tenaz.


[1] Texto escrito para la clase de currículo 10 de febrero de 2019.

domingo, 3 de febrero de 2019

PERSONAJES QUE SE ENCUENTRAN EN EL SITP


PERSONAJES QUE SE ENCUENTRA UNO EN EL SITP
Por: Carlos J. Gutiérrez.

Viajar en el transporte público siempre constituye un momento de reflexión. Mientras lo tomamos, pensamos en lo que hicimos, hacemos o estamos por hacer. Ya sea en la madrugada, al medio día o en la tarde-noche, el transporte bogotano es un espacio de pensamiento, un espacio que en medio de los trancones, permite que nos transformemos mientras nos movilizamos. Y es que ese espacio de 13 X 2,6 X 4 metros (en los más grandes) se convierte en un confesionario donde los más de 120 pasajeros (porque las fichas técnicas siempre mienten) sacan su lado más honesto.

Y sí, cuando nos subimos a un SITP, nos subimos todos los bogotanos y cada uno de nosotros nos volvemos personajes de esta cotidiana vida citadina en donde los trancones abundan volviendo las calles una lata de sardinas llenas de carros manejados en algunos casos con poca competencia ciudadana. Dentro de esos personajes vemos a los buena gente, los “mala cara”, mal aspecto o mal carácter que a pesar de odiar o maldecir al medio de transporte son en sí mismos uno de los principales problemas. Los muchos personajes que nos encontramos no podemos eliminarlos como hacer una resta; nos toca, por obligación, vivir con ellos y aguantarlos. Aquí vamos.

En algunos casos (la mayoría), el SITP se encuentra lleno, tetiado diría el cachaco, y nos enfrentamos con los que llamo ayudantes, esos que se quedan sin pasar la registradora porque van hasta casi el final, prefiriendo esperar que el nivel de personas disminuya. También están los cargueros aquellos que; con lonas, maletas sucias o dañadas, bolsas negras o tulas llevan cantidades de elementos suaves, duros o cortopunzantes, ingresan al bus pidiendo disculpas por los golpes propinados. Agréguese a esta categoría las madres con sus hijos en brazos, o más incomodo aun, con un carrito. Están además los escandalosos, peleones consigo mismos, con otros pasajeros o con el conductor. Los que creen que van en un taxi y alegan la necesidad de no parar. El bus que tomo diariamente, pienso, decidió dejar de recoger a dos señoras a la salida de Roma porque desde que se suben hasta que se bajan no hacen más que quejarse y pelear.

Los incómodos-cómodos son de las categorías más individualistas en algunos casos. Son los némesis de los escandalosos. Aprovechan el viaje en SITP para tener un momento de introspección sentados en una silla azul o roja con los ojos cerrados o de píe haciendo alarde de su capacidad para permanecer parados somnolientamente. No faltan los que parecen gatos que debido a su morfología, puede dormir encima de las varillas del SITP sin perder su equilibrio, haciendo que estemos más preocupados los que los vemos dormir que ellos mismos. Y así nos podemos quedar con una lista de descripciones; comentadores, vendedores, músicos, amigables, considerados, patanes, groseras, lindas, provocadores o colados. Todos hacen parte de ese collage citadino que es la lata de sardinas llamada SITP. No olvidemos que nosotros también somos personajes del bus pero que debemos ser de los correctos, de los colaboradores, para contribuir, de alguna forma a la construcción de esta ciudad.

domingo, 27 de enero de 2019

UN FRAGMENTO TEMPORAL Y ESPACIAL EN BOGOTÁ


UN FRAGMENTO TEMPORAL Y ESPACIAL EN BOGOTÁ
Por: Carlos J. Gutiérrez.

Hace poco el ilustrador Gusanillo de Tierra público en Instagram que pronto saldría a la venta su número seis de “Carajo” un comic autopublicado que contenía dos historias dibujadas por él. El lugar en el cual se realizaría por primera vez la venta iba a ser en chapinero, en la 17 con 68 después de la Caracas. Habíamos salido de Modelia y cogimos un SITP que tomó la Esperanza, la 68, la calle 63 desde el Simón Bolívar hasta la iglesia de Lourdes; nos bajamos y caminamos hacia el occidente para pasar la caracas voltear por la carrera 16 y llegar a la 17 con 68. En esa parte, pensé en lo parecida que eran esas calles a las del centro entre las calles 13 y 22, sus edificios sucios y en algunos casos llenos de mercancías por las ventanas, los institutos técnicos, los bares sospechosos, las calles llenas de basura y los locales tetiados de productos bajo una luz oscura con paredes añejadas.

Llegamos a lugar de la “Feria inaugural”, se realizó en una casa cuya puerta metálica y en rejas dejaba ver ocho stickers, algunos de ellos de Raiiz Grafika. La pared, también pintada de ese color metálico, en uno de sus lados tenía el cartel impreso a blanco y negro de la feria, una persona nos indicó que la feria se desarrollaba en el tercer piso. Un corredor largo, angosto y oscuro, nos llevó a un parqueadero improvisado de bicicletas y al lado de estas unas escaleras angostas que nos dirigieron al piso del evento. Eran tres espacios; en el primero se encontraba el colectivo Globoscopio atendido por Henry Díaz y que tenía para la venta a su famoso “Señor P.”, Dos Aldos, Partículas y estampas dibujadas por él mismo. En el segundo espacio nos encontramos con venta de stickers y peluches hechos al estilo de los de Mr. Fox, al lado de ellos nuestro famosísimo Gusanillo con sus comics autopublicados y patrocinando a una ilustradora paisa.

Con él fue mayor la charla, con él, esperamos a que nos firmara los comics comprados y preguntamos sobre su trabajo con el monje EMOK. En frente de él, estaba una máquina, una antigüedad hecha en hierro y que acompañaba a dos ilustradoras que exponían su trabajo realizado en litografía. Nos quedamos con una especie de mariposa-avión que tenía la leyenda “BON VOYAGE”. No fue lo único interesante que vimos, el grupo Raiiz grafika vendía un fanzine sobre los stickers del barrio Ricaurte, un poquito de historia gráfica bogotana en los que la burla y la identidad nos recuerdan que las calles nos hablan a cada momento. Estar visitando estos lugares tiene su aire de independencia, de rebeldía comercial, sus vestimentas, los jeans rotos, medias en malla, esqueletos estampados con algún símbolo o mensaje alterno, sus cabellos pintados por capas demostrando una feminidad transgresora y suelta. La feria era una rebeldía heredada del punk que encuentra en la ilustración un espacio temporal y físico efectivo para transmitir.

Lo anterior se reflejaba al extremo en uno de los ilustradores del tercer espacio que con su estética estilo Pussy Riot versión masculina: vestido completamente de negro, converse viejas y rotas; y con un pasamontañas que estaba bordeado con hilo rosado para formar un rostro que al mismo tiempo se ocultaba, sacaba a la luz sus productos. Era transgresor en su obra, pero también reflejaba pena y timidez; como si en algún momento sintiera que dibujaba algo grotesco, amoral o viciado. Su risa delataba un nerviosismo como el de un contrabandista al creer que puede ser atrapado, enjuiciado y encarcelado. Pero cómo no, si sus figuras influidas por series como “Rick and Morty” o “Hora de aventura” le permitieron dibujar a un calvo ahogándose en un lavamanos como si fuera el lunes de todo trabajador aburrido. Cómo no, si fue capaz de dibujar un fanzine sobre el kamasutra en el que la pareja demostrativa era el diablo y un Jesús crucificado. La genialidad en la transgresión siempre ha sido algo underground. Cuando lo vimos, una pareja se sorprendió por un dibujo que les realizó y dejaron para el recuerdo algunas fotos que subirán a Instagram, así como yo publicaré esta historia y las fotos que tomé.

Cuando salimos, caminamos hacia la Caracas y ahí, la mejor parte fue encontrarse una calle desconocida; fue descubrir una casa antigua, azul, que en su pared mantenía una placa que rezaba “CHICHERIA DEMENTE” ubicada el LA CONCEPCIÓN 69 con 15. ¿Qué pasaba con esa historia oculta, quién la manejaba, quién fundó esa chichería, cuanto de estos lugares ocultos en esta inmensa ciudad se pueden encontrar y de los cuales se puede hablar, narrar o escribir? Igual nos sucedió cuando en la Caracas, caminando hacia la 72, nos encontramos una puerta blanca pintada con letras en rojo, estrellas, perros, pájaros o gatos coronados por un gran ojo negro en la mitad y a sus lados dos hombres con los brazos abiertos.

Cuántas veces recorremos la ciudad buscando espacios significativos sin saber que estos solo se encuentran gracias a la casualidad. Recuerdo los que se han borrado, como el grafitti de un zorro en la 24 con 26. Los recuerdo porque eso suele suceder con la ciudad, que es una constante transformación, en donde todo se acaba más rápido de lo que empieza. Haber visitado “La feria inaugural” me recordó eso, me recordó que la vitalidad de la ciudad está en sus espacios subterráneos, en los lugares atrapados en el tiempo, en ese aroma a antiguo o el olor de la lignina de los libros viejos. No olvidemos que a Bogotá hay que recorrerla, hay que vivirla como se vive el amor por alguien. Porque así como una casa de fanzines, una placa en la pared de una casa, o una puerta escondida en una calle principal; los espacios bogotanos son inconclusos, incondicionales e impredecibles a nuestros ojos.